jueves, 2 de abril de 2015

Los mensurables o el niño flotante


I. BOQUERÓN y el niño pescan. El monólogo inicial es una prospección. boquerón levanta y entra en sí.

II. la muerte y el blanco sobre el techo, esperando el regreso del canoero. El canoero llega y discuten sobre lo que trae. La muerte y el blanco tienen una relación erótica de amantes, mientras que boquerón es el marido. el niño es el hijo.

III. El niño solo, en el futuro

IV. Se alternan las voces del niño y los muertos con las de la pareja. El niño habla apoyado al borde la canoa, mirando al río. El canoero salta del techo a la canoa. se va, llevándose al niño.

V. Diálogo entre la muerte y el blanco.

VI. El canoero y el niño.

Monólogo del niño, hundido en el agua.

sábado, 16 de agosto de 2014

Pero tomada por asalto

a ver si me entienden enfrente
tenemos una carnicería
(estamos)
en una carnicería
se venden piezas -a sí mismas- de carne
sacadas de cuerpos o pedazos
de cuerpos sacados de un degüello y una
meticulosa tarea de separación de pulpa caliente y viva y sensible
y sacado
el pellejo tendido como en mediasombra
cayendo gotitas de rocío colorante
hacia la calle abigarrada de cochecitos huecos
aunque también hay otro vacío sacado (el de las vísceras)
el de las entrañas del calor de la ceniza
al rojo vivo pálidas
y una mano es el oficio del cuchillo: siembra
hilitos de alambre y blancura herrumbre en las arterias
y un intrépido codo borra con la mano
y no hay culpa en la sangre y en sus botas de codo
blancas
unos injustos y secos moretones de salpicadura
esperan la salpicadura redentora
de un trapo suave y húmedo trapo
suave
y húmedo
(pero trapo)

lunes, 28 de julio de 2014

In memoriam (IV)



la serpentina de café en el piso del hospital
como un hilo de sangre se me escapa
la mirada lejos
cazando la luz de lo que dije que haría
y hoy me lo impide esta frente irritada y seca
ella cultivaba mis manos en la tierra
trabajaba indiferente el barro o la plata
y ahora en mis espaldas las escaras forman astros
la piel arada y doliente huele un olor que no me pertenece
tengo rodillas abultadas por la ausencia de vigor
y soy un accidente del azar
lejos se me quedan las migajas a los perros y las avispas
rotando en  el sombrero camouflage con un rastrillo en mano
el filo del machete acaba
donde inicia el rubor de un tronco diluido al fisurarse mi organismo
ojalá el desgarro en mi cabeza halle un descanso
y palpite menos o casi poco palpite o no palpite tanto o calle palpitante y calmo
y poco a poco la planta helada
de mis pies
imprima otra vez un paso
ojalá pero mi boca aturdida
ciñe unos aparatos y elucubra un frío
que desciende hacia mi garganta
o sube
acompasado por el oleaje de gritos y olor a peste

deseo no sucumbir al asfixiante pecho de la calma
aquí para mi sorpresa libro
mi batalla decisiva
y no he de tener ante jeringas y cables y sondas
escamas ni fusiles ni coraza
no tengo alianza pero me sé amado
el coraje es polvo apenas
ampollas y metales
y en mi vena un color imperfecto fluye y
se derrama.

Clara

algo en mi cabeza provoca imágenes
mi cerebro como un puño cerrado agarra
fuerte una oruga replegada de nervios
mamá fantasma al apagarse
la luz en la pieza grita su nombre
clara
clara
clara ríos
y resplandece
y es el camino
y no lo quiero
                      seis décadas atrás
                      ella se me inclinaba rindiendo el pecho desnudo y su voz
                      me alimentaba aun doblado y fetal
                      su mano acariciaba el tabaco y mi mejilla
                      arrollado en telas y almidón tostaba para mí la miel
                      y curuvicas de maní en un pote
                      emanaba un olor a barrio
                      anotaba, tosía, fingía, amaba
¿dónde estás ahora má
en qué parte de mí ocultaste la cicatriz y tu abrazo
por qué me costó llorar antes
si no estás y muero quién
enseñará a la criaturada aquella vieja maña
de apartar caracoles en el barro
o pescar en la urdimbre de una bolsa de cebollas
un pescadito agitado y lodoso?

In memoriam (I)

una materia en su cabeza va
más allá de todo lo soñado
el camino al mercado
la palanca en el megane que vibra sin decir
la coordenada de gestos para resistir el dolor al despiezar una media res
una degollante deuda y la espiral
que dibujase cada tanto al pelar una naranja
en una vereda
clavado el ocaso en la retina
el bicarbonato mascado, una mate ahogado en yerba
la frase de cristo largada a magdalena
en un camino como éste de luz
donde ya
no hay vejez

miraba el año que viene y
el desencanto podía ser una enorme piña
no hay mejoría pero vendrá
todo en orden
y aunque perdía la voz
mocasines erráticos enfundaron a papá en su paso
cuando cavaba pisada a pisada la huella
a la avenida maradona
(allí cada tarde el tránsito estallaba
y acá en su mano nada)

una materia en su cabeza va viva rompiendo todo
pero no lo parte
con él acaba porque la quema
conozco, dice, el final
dice: si muero llevo a cuatro o cinco
conmigo

domingo, 27 de julio de 2014

siete de julio

soy Vicente -aspiro un día de sol para ascender
elevado por la fuerza de los hombres
y que mi cuerpo descanse
y pueda secarse noble aún rodeado de agua
no habrá sed pero mi lengua
siempre habrá podido más cuando mi carne no pudo
quiero que la suela al sellar la tierra se imprima leve
y la arrastre el viento o la sustitución de otra huella
la madure
la misericordia del camino sin barro hacia mi tierra natal
liberará de la polilla aquella madera en que seguramente
hará equilibrio mi piel ya cuarteada y nutrida de huesos
y en el contorno secreto de mi espíritu
hallaré un alma expuesta al cloroformo pero ilimitada de brillo
veré el sol en millones de larvas sobre el agua
recordaré –laralay laray– una canción a maría entre palmas y velas
y adivinaré en algún recodo de estos árboles el aroma de Dios.

sábado, 26 de julio de 2014

Minuto 61

soy un poeta en el agua, busco acá abajo unos cables perdidos
algún anillo enterrado
el surco de las baldosas
la foto de papá que me ha dejado joven, una carta
que es el arcaísmo viviente, y encuentro diez centavos
acaso 500 guaraníes, deseo echado al olvido
en un bolsillo atorado de pelusas
soy apenas un hombre pasando el río
mi mano zambulle y suda cierta mucosidad
las uñas negras de escarbar
estas paredes de moho
(los nietos que no tengo aún me dejaron
ropas arrolladas sin botones
un alicate
besos)
una lancha arruga el agua, en lo que dura mi viaje perpetuo
se arriman a mí ciertos dibujos opacos
como escupidos contra una pared
crecen y no así
algo en mi cabeza ha dejado de crecer porque acabó conmigo
la madera ha sucumbido porosa
                                                  hormigas por todas partes en la creciente
                                                  pretenden una redención que no saben:
una vez guardé una taza rota de café para usarla como maceta y nunca fue semejante cosa
ahora lo único es que un manojo de criaturas
marcados en las piernas con los cintarazos de antaño
me perdonaron al verme sucumbir
y me entregaron al aire oscuro y gotas de salitre caían de sus ojos
al tiempo que yo
            el pecho rígido
                    la piel agrietada y seca yo
                               en un gesto último
                                   de bocanada imposible yo

                                                                        yo

                                                                                       yo


                                                                                                              yo